Thalia Zedek suena en solitario tan dolorosamente bella. Su mejor disco,
Trust not those in whom without some touch of madness vuelve a sonar a diario mientras trabajo, pero es difícil hacer algo cuando los lamentos atravesados a cuchilladas por su guitarra eléctrica, y ese violín que lo envuelve todo, y el humo y la moqueta polvorienta te llenan de emoción.
Come, el grupo donde militaba
Thalia junto con su partenaire
Chris Brokaw, eran desesperación, electricidad saturada y tormenta,
Thalia sola es una nebulosa irresistible. En breve recibiré su nuevo disco, del que espero más de lo mismo. No hay mujer más jodidamente real que esta.