
(Peter Ustinov, la locura y la pereza del poder)
Hoy he visto Quo Vadis y Espartaco, en TV1, por tanto sin pausas publicitarias, y me he reencontrado con la primera, dirigida por Mervin LeRoy, prototipo de kolossal académico, todo espectáculo, todo melodrama, con el zorrón de Petronio interpretado por Leo Genn que borda la pantalla y con Peter Ustinov disfrutando de lo lindo entre rácimos de uva y copones de vino. Quo Vadis marca la línea de meta de este tipo de films, a partir de ahí nada nuevo podía suceder, a menos que un tipo llamado Stanley Kubrick dirigiese Espartaco, que es todo plasticidad, ritmo y movimiento, y deja la anterior en un film carca y pasado de moda. Espartaco es mucho más que un kolossal, es un film de lenguaje moderno, cuya influencia ha durado hasta ahora, y del que todos guardamos ese u otro momento imborrable, en mi caso cualquier plano donde aparezca Charles Laughton, y la energía e ilusión que tenía Kirk Douglas en sus ojos. El final siempre me hace llorar, inevitable, y sigue sorprendiéndome la escena censurada en la época y recuperada en los años 90, en la que Lawrence Olivier trata de seducir a Tony Curtis con eso de las ostras y los caracoles. La escena impacta por el diálogo, claro, es porno de serie Z y cuartelillo, increíble que la rodaran.

(Lawrence Olivier confiesa sus gustos gastronómicos)