Fletwood Mac tienen toda la razón del mundo si quieren volver a girar juntos. Solo por la garra que todavía tiene en escena
Lindsay Buckingham, que tira de la banda él solito, ya se ve que no van a estrellarse. Aprovechan ahora además la reedición de su disco más mega millonario,
Rumours, de 1977. Desconocía el disco en profundidad, y desconfiaba de una banda que me recordaba a sonidos demasiado ochenteros (
Tango in the night, creo que era el disco que no dejaba de sonar en la radio cuando era pequeño). Comprada esta magnífica reedición (un segundo cd con directos y un tercero con rarezas), redescubro temas que pertenecen ya al universo popular como
Don´t stop, o maravillas como
Go your own way o
Oh daddy. Una banda particular. Alejada ya de los principios blueseros de
Peter Green,
Fleetwood Mac eran ahora un crisol de personalidades distintas dispuestas a dar lo mejor de si mismos en un solo disco.
Christine McVie,
Lindsay Buckingham y
Stevie Nicks (¿quién no se ha enamorado alguna vez de
Stevie y su voz?) componen el grueso de temas, cada uno de los tres con sus propios clásicos inmortales, y lo mejor, con una unidad final de todo el conjunto extraordinaria, al estilo de otros grandes discos comerciales de los 70 como
One of these nights de los
Eagles. En
Rumours todo tiende a la sencillez, pompa la justa, son canciones hechas con buena pasta, que suenan harmónicas unas con las otras. Que la grabación del álbum estuviera rodeada de problemas personales (la relación amorosa de
Buckingham y
Nicks, la separación de
Christine y
John McVie) forma parte de la leyenda, como el monstruoso éxito que consiguieron una vez el disco salió a la venta y que condicionó sus vidas a partir de entonces. Sí, hubo un tiempo en el que daba gusto comprarte el disco de moda.