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miércoles, mayo 07, 2014

CHRIS ROBINSON BROTHERHOOD, "PHOSPHORESCENT HARVEST" (2014)


La Chris Robinson Brotherhood resuelve muchos de mis anhelos musicales actuales.

Simplemente me da lo que mi corazón quiere escuchar. Con este tercer disco siguen profundizando en el universo Grateful Dead a su manera, dándole más cancha al teclado en detrimento de la garciana guitarra de Neal Casal. No supera al primero porque eso es casi imposible, pero es una preciosa excusa para seguir escuchándoles en directo (hazte con algún directo en su web). Ellos llevan el alma psychofolk a este siglo, con sencillez y tranquilidad. Sus conciertos son imprevisibles y festivos, viajes donde todo puede ocurrir. La música que me gusta.

No, no me interesa en absoluto que Chris Robinson vuelva a volver por enésima vez a los Black Crowes.

sábado, noviembre 17, 2012

BEACHWOOD SPARKS, "THE TARNISHED GOLD" (2012)

Aunque no lo han hecho de forma tan brillante como en aquel Once we were trees del 2001, Beachwood Sparks han vuelto a pintar colores de amable psicodelia country, de esas canciones que al escucharlas te hacen ver una vida que no es ni mala ni buena ni regular, sino que está por encima de todo eso, flotando y pasando, pausadamente, de largo. Contribuye al renacimiento de una banda que me descubrió tantos horizontes como los mismísmimos Jayhawks, el gran Neal Casal, quién porcierto tiene prohibido separarse de Chris Robinson para el resto de sus días. The Tarnished Gold calmará los envites de los corazones demasiado ardientes, y reconfortará la soledad para quién lo necesite. Me gustaría que para gente de veinte y pico años este disco signifique lo mismo que significó para mi Once we were trees; aunque de momento, me conformo con dar el notable alto a temas como Sparks fly again o Talk about lonesome. Luego otros llenarán la Razzmatazz para ver a Fleet Foxes, pero eso es su puto problema.

domingo, junio 17, 2012

CHRIS ROBINSON BROTHERHOOD, BIG MOON RITUAL (2012)

Como llevarte de paseo a The Band y los Eagles en una nave conducida por Jerry García. O como Chris Robinson engrandece la leyenda, la suya y la de The Black Crowes. Este es uno de esos discos que te hace sentir especial, porque sabes que el 99% de la humanidad no lo va a entender. No lo sé, yo ya sabía que este sería uno de los discos del año desde que lo he desempaquetado y lo he olido. Por no hablar de una portada que nos lleva a la década de los 70, a Laurel Canyon y, antes, a Frisco. Pocos días antes de empezar a escuchar este Big Moon Ritual había recuperado el Croweology de los Black Crowes, y de nuevo esas viejas sensaciones de una banda grande, a la altura de los intocables; qué gran disco, tan poco ponderado por algunos. Ha sido sin duda la tapa perfecta para rendirse ante este proyecto, el proyecto más hippy de Chris Robinson y Neal Casal. Hay tanta magia en este disco, desarrollos tan placenteros como los de Tulsa yesterday, Rosalee... En directo esta banda puede ser un viaje lisérgico de cuidado. Música que entra mejor con otros elementos conjugados, el vino blanco ahora mismo en mi caso, o el sol y el campo, la noche más estrellada, busca el elemento perfecto para acompañar estas incursiones entre la tierra y el espacio. Para no perderse en referencias y etiquetas inútiles, ahí va la versión que hacen Chris Robinson y los suyos de la maravillosa Sugaree de Jerry García y The Grateful Dead. Cuántos nombres imprescinibles en una sola frase.