Aunque a Lemmy parece que por momentos se le están agotando las pilas, dios no lo quiera, este Aftershock funciona muy bien.
Aunque no llegue al nivel de un Inferno, aunque suene más o menos igual que los tres últimos, y aunque sepas que a estos tipus les es demasiado fácil componer y grabar discos. Ponen el motor en marcha y pam, pam, pam, otro disco de Motörhead. Pero en fin, necesitamos esa química, la voz de Lemmy y todo lo que impregna a esta banda a la que amamos desde hace siglos.
Además, me recuerdan que el rock n´roll sirve para gritar, para alimentar tu mala ostia, para hacer crecer ese cabrón que todos tenemos dentro, sin el cual seríamos pura gelatina.
A cuento de mi post sobre la ya inolvidable reedición del Pyromania de Def Leppard, un amable lector me comentaba que en los últimos años habían sido editadas otras reediciones de igual calado histórico, poniendo como ejemplo la de Another perfect day de Motörhead. Razón no le faltaba. El primer cd contiene el disco completo, unos Motörhead y un descolocado Brian Robertson a la guitarra, con temas redondos, ligeramente más exigentes para el cerebro unineuronal del motörhead fan habitual. Un disco que no contiene clásicos obligatorios, pero que es todo un prodigio de la combinación perfecta entre tralla y (cierta) finura compositiva. Dancing on your grave es un tema redondo, que reinaría en las listas pop del infierno, como One track mind; otra cosa es que Robbo se lo creyese tanto que obligara a Lemmy y a Filthy Taylor a interpretar el disco al completo en directo y a pasar de clásicos como Overkill y demás. Naturalmente, la unión de un sobrado y pedante Robertson con Pedro Picapiedra y Pablo Mármol no duró mucho, y al terminar la gira todo terminó. El segundo cd de la reedición que poseo como un tesoro, incluye un concierto tremendo desde Manchester, con un repertorio totalmente inédito en la historia de Motörhead. Buenos tiempos aquellos.
Lemmy es suficiente Lemmy como para que este documental lo hubiera dirigido un Scorsese, o mejor aún, Werner Herzog. Cualquier fan se lo pasará en grande viendo este DVD, realmente no puedes despegar ojos y orejas de la pantalla, pero el personaje daba cancha para algo más radical, más sucio, más a las tripas. Quizás no sea solo por la dirección, pero Lemmy, 49% motherfucker, 51% son of a bitch es una oportunidad fallida de hacer algo grande. Al lado del de Rush, o el de Petty, este documental se me queda corto. Es Lemmy (USA Lemmy), tal y como se le ve hoy día, como una leyenda que, contra todo raciocínio, no está muerta. Pero, cómo es posible que Metallica tengan más cancha casi que los propios Motörhead, ¿tanto se les necesita para asegurar la viabilidad comercial del producto?; aquí hay mucho "Lemmy es genial y es un pirata", pero me falta punzar de forma más radical en el personaje y sus contradicciones, y me sobran tantos minutos de Dave Grohl (aunque el tipo pronuncia una de las definiciones más bonitas de Lemmy, incluída en el trailer del film, que adjunto más abajo), y las demás estrellitas loando al padrino. Y falta Motörhead. Leeros la autobiograqfía del propio Lemmy, editada hace algunos años. Poco se hablaba allí de las tragaperras del Rainbow Bar & Grill y mucho de la lucha y la mala vida, la perrería de la historia de una banda que sí es el propio Lemmy. Motörhead es Lemmy, más que sus propias botas, más que su colección de navajas, una banda que es un western de Peckinpah en potencia, y aquí no hay de eso, no se habla de la banda, de sus forajidos, de aquella Inglaterra tatcherista que los vio nacer, no veo a "Pilthy" Animal Taylor "Fast" Eddie Clark, y peor todavía, casi ni huelo a Phil Campbell y Mickey Dee, los escuderos del hombre en los últimos 20 años. Me gusta ver a Lemmy preparándose unas papas fritas en su aceitosa cocina, me gusta verle caminando por las calles de L.A, me gusta verle elogiar a su hijo, pero una apuesta más arriesgada (como lo es el personaje) habría mejorado el resultado final.
Motörhead, o mejor, Lemmy y su leyenda, llenaron el Sant Jordi Club. Buen ambiente heavy, con aportaciones de las distintas facciones sociales a las que ha conseguido penetrar el ruido de Ace of Spades. Algún modernillo mesándose el flequillo en el lavabo, compartiendo espacio con jóvenes punks y gigantescos heavys haciendo cola para mear. Ya desde sus inicios Mötorhead concilió anhelos metálicos y punks, caso único. Me sorprendió que los teloneros fueran tan malos, es decir, está claro que cualquier grupo que empieza merece un respeto, pero no deja de sorprenderme que den esta gran oportunidad a unos tipos que solo piensan en regalarse posturitas, hacer que el público coree, y con un cantante que se ha limitado a empollarse los vídeos del Ritz y de Paris de Guns n´Roses, tipos que deberían salir y tocar putas buenas canciones, si las tuvieran, claro. Y Lemmy, con los compañeros de barra perfectos, Mickey Dee y Phil Campbell. No sé cuál debe ser la diferencia entre una mala noche de Lemmy y una buena, probablemente todas son iguales. Sale al escenario y es Lemmy, un señor muy, muy mayor que sigue berreando Metropolis y Stay Clean (en un concierto ideal, Stay clean debe ser siempre el segundo tema del set), y que no distingue entre buenas y malas actuaciones. Es él. Tocaron temas del nuevo disco The world is yours, que sonaron tan bien como todo lo que han grabado desde hace años. Me dió bastante igual si tocaban esto o aquello, la cuestión era tenerles ahí. Todavía podemos disfrutar de Motörhead, es Lemmy el tipo que está ahí delante maldita sea, ya lo sentiremos cuando no esté.
Releo la autobiografía de Lemmy y vuelvo a sorprenderme de cual el tema que más trata en el libro, no, no es el Jack Daniels, los interminables tripis, ni las mujeres ni el coleccionismo de cachivaches militares de la Segunda Guerra Mundial; de lo que más habla Lemmy en su autobiografía es de las compañías de discos, los managers y la burocracia rockera. Las cicatrices en la piel de Lemmy no son el recuerdo de sangrientas batallas en sitios de lo peor, sino los cabezazos de rabia que se ha dado contra la pared durante toda su carrera, cuando esta u otra discográfica lo ha dejado tirado, cuando no ha llegado el cheque o cuando le han estafado. Lemmy es el rock n´roll, yeah, pero es el rock n´roll a pie de obra. Lemmy es el albañil que curra lo que haga falta, pero no le pasa ni una al maricón del capataz. Lemmy es un obrero, y un obrero raja de sus jefes 24 horas 7 días a la semana. No hay autobiografía rockera más burocrática que la de Lemmy. Habla de los cambios de personal, de discográfica, de management de forma quirúrgica y resentida. El obrero rajando a la salida del curro.
Cambio de tema: Motörhead. Motörhead siempre están presentes en mi vida. Escucho sus discos por etapas: ahora toca repasar sus últimas obras (memorables discos, Inferno, el último Motorizer, el del 2000 We are Motörhead, y nuevos Lemmy-hits brutales como Killers), ahora me da por su fascinante etapa mitad ochentas (el tajante, influyente Orgasmatron de 1986, el ágil, agradecido Rock n´roll), ahora su etapa clásica (el directo del Hammersmith, Ace of Spades, el perfecto Bomber), o igual hay que dar una vuelta por los años 90, ricos en discos de notable (Overnight sensation, 1916... y quizás su segundo live definitivo, Louder than everyone else, de 1998). Me encanta que el establishment cultural vaya reivindicando poco a poco la figura de Lemmy, que le dediquen documentales y gente de todo pelaje vaya a sus conciertos. Lemmy mientras va a lo suyo, con una banda segura como un Volvo, la cosa tendrá vida mientras el cuerpo le aguante. Motörhead han pasado por épocas negras, cuando eran lo más anticool y no les dejaban tocar ni en su propio país. Ahora, desde hace ya una década, todo va viento en popa. No hay nada mejor que el reconocimiento en vida, y Lemmy se lo merece todo.