martes, mayo 27, 2008

RISTO


Me gusta Risto. No me sirve pensar que todo está premeditado, que él es una artimaña más de un reality vestido de concurso de talentos, un importante tornillo para clavar a millones de espectadores delante de la pantalla cuando abre la boca. Me gusta Risto aunque sé de que va, todos lo sabemos, pero me gusta. Es muy distinto insultar como él hace, dándole ese toque de ironía aquí, ese insulto barrobajero allá, ese nihilismo catódico que canta tan gustosamente al lado de los insoportables saltarines que concursan en OT, es muy distinto ser un puto borde como lo es Risto a serlo como cualquier "periodosta" encocado de Dónde estás corazón. Risto es todo imagen, actitud y cálculo. Como el protagonista de Taxi Driver, ha estado ensayándose a si mismo delante de un espejo, "eres un producto", "vais vestidas de putas", lo borda, y es divertidísimo ver qué matices aporta a su personaje en cada programa, a veces parece que se emocione (¡Si! cuando van a expulsar a alguna favorita suya mirad sus ojos, su sutil acting en la mirada, a través de las gafas de sol), otras aporta esos silencios eternos que solo puedo recordar de aquellos programas de José María García, Supergarcía, hace años. Su éxito no es lo que él ha puesto para fabricar el personaje televisivo, sino saberse un whisky con hielo en una fiesta del Chiquipark. Cuando Risto sale de ese hábitat de colorines y maricones que cantan a Nirvana como Alvin y las ardillas, por ejemplo cuando lo leía en su columna de un diario gratuito el año pasado, o en alguna entrevista, entonces su negrura se evapora. Risto funciona por contraste. A más gilipolleces en Operación triunfo, más gana Risto,ahora que si lo pones en medio de un debate de La Clave se lo meriendan.

1 comentario:

La rusa Joropera dijo...

Totalmente de acuerdo contigo!...
Un saludo...