Lo mejor es cuando sales del cine pensando que esa película que acabas de ver la han hecho para ti, y solo para ti. Supongo que con respecto a The Artist, miles de espectadores tienen esa misma sensación, como yo. Cine mudo (sigo adorando el mudo), el drama que significó para parte de la industria la transición del mudo al sonoro (recordad aquellas desternillantes escenas de Cantando bajo la lluvia), música (con fragmentos enteros de la partitura de Vertigo, de Bernard Herrman), dos actores principales que iluminan (tanto la sonrisa de Jean Dujardin, que me temo buscaremos en su futura filmografía, haga lo que haga, como la vida que tansmite la bellísima Bérénice Bejo), y una historia filmada, utilizando las viejas y sólidas artes del medio cinematográfico, para que te emociones, la mezcles con tus propios problemas, anhelos y dificultades, y como resultado, salgas pensando en que, a pesar de todo, hay esperanza. Eso se respira cuando bajan los títulos de crédito y se encienden las luces, se respira en toda la sala.
He decidido que la banda sonora que rondará por mi cabeza cuando nazca mi hija será esta, Magical Mistery Tour, el disco de los Beatles que siguió al Sgt. Peppers. La agradable aunque tensa espera me induce a estos desvaríos. Probablemente estampe una blusita con esa divertida y marciana portada y se la regale. No hay una razón lógica, pero creo que esta es una buena banda sonora para transmitir a una criatura que a pesar de todo, el mundo puede ser alegre, loco, y con arco iris y tipos disfrazados de oso. Situado entre "el mejor álbum de todos los tiempos", según el tópico que nos viene dado desde niños, y el mítico doble blanco, no tantos se acuerdan de este oráculo del periodo psicodélico de los Beatles. En una cara, la impecable banda sonora del film para la televisión Magical Mistery Tour, y en la otra, cinco singles que sacudieron la conciencia del mundo, tío. Strawberry fields forever, piénsalo, Brian Wilson, borracho de Smile, balbuceó en su salón de Beverly Hills que eso, eso, era lo que él quería hacer, pero ya era demasiado tarde. La canción homónima que inicia el disco te pone tan de buen humor, no dejaba de rebobinarla en mi cinta de casete hace años, y ahora lo hago con el cd remasterizado, qué obsesión; y The fool on the hill, la siempre sorprendente I am the Walrus, Penny lane, el twist oriental de Baby you´re a rich man, el final con All you need is love... Razóname por qué este disco es inferior a Sgt. Peppers, yo no lo tengo tan claro, uno llegó antes que el otro, y se concibió de forma más unitaria, pero, cartas sobre la mesa, los dos merecen el mismo premio. Triposo, enrarecido, feliz, poético y magistral. Marina ya tiene banda sonora.
De Jack Bruce me quedo siempre con su voz. Emotiva, desprendida, no lo conoceremos en persona, pero su voz nos ha hecho sus confesores más íntimos. Songs for a tailor (1969, primera obra en solitario recién disueltos Cream. Chínchate Eric) es un disco rico y emotivo, como la voz de su autor. Una joya capaz de cambiar la vida de quién la escucha, un secreto que no vanalizas en conversaciones casuales con el "es de puta madre" de rigor; un disco que aprecias de forma personal, al que llegas como un explorador, como si nadie más supiera de su existencia, y al que plantas una humilde banderita que señala que ese es tu territorio y el de nadie más; como, pienso ahora, el White light de Gene Clark. En Weird of hermiston, Bruce canta "I'm going to a wedding, I'm going to a wedding dressed in black, I'm going to a party, won't be back". Qué gran canción, como todo el disco, rico en blues, jazz y experimentación. Con la extraña sustancia de las cosas por las que vale la pena vivir.
Sin duda este dvd es la guinda, o mejor, el gin tonic perfectamente servido, copa, piel de limón, hielo hasta arriba y Seagram´s, al achuchón que la Stones enterprises Ltd. le ha dado al periodo Some Girls de 1978. La reedición del disco ha sido un regalo, y este concierto filmado en Forth Worth, en la corta gira del 78 por USA, es uno de los documentos más espectaculares de Mick & Keith que te puedas llevar jamás a tu casa. Impresionantes planos, miradas, gestos, todo al detalle en un concierto de cuando todavía era posible tenerlos delante y olerles el aliento. Mick reina siempre, hiperactivo, chuloputas en clave NY, no para, incluso decide comerse al propio Keith en Happy, o reclamar el alma de Otis Redding en el final de Beast of burden, o rasgar la guitarra como el mejor roadie de Johnny Ramone. Keith es la máquina y el corazón, el sistema nervioso de la banda. Verlo tocar la intro de Honky tonk women sin su púa, o coser esos solos tan absolútamente cool es un tesoro. El resto de la banda, Ronnie soporta con guasa las bromitas de Mick, y se dedica a coger las colillas del suelo y apurar los pitis, Bill coloca su bajo tan en vertical que parece que esté meando detrás de un pino, y Charlie le da a Keith toda la gasolina que este necesita para que la máquina no pare. Muy cañeros, muy eléctricos, menos carnavalescos que en anteriores giras de los 70, chulos hasta decir basta (Mick es especialista en invitarte a la fiesta y luego ni mirarte a la cara). Da gusto refrendar mis votos stonianos con productos así.
Ante los bajones de calidad que experimentan muchas series temporada a temporada, y esa forma de consumirlas, cepillándonos una docena de capítulos en dos días, sin dar tiempo a reposar ni ilusionarse por el qué sucederá, tenemos el formato miniserie, que es más conciso y no da tiempo al agotamiento, la falta de ideas o el empacho. Los cinco capítulos de Mildred Pierce adaptan la novela del gran James M. Cain; una historia de superación y crueldad, con tintes de tragedia griega, en los USA de la Gran Depresión. Y sobre todo, una dirección cuidadísima de Todd Haynes (un director dado a facturar bellas porcelanas como aquella Lejos del cielo) y una espectacular, como siempre, Kate Winslet, que entiende y vive los personajes como nadie.
Siempre he admirado a Bruce Dickinson. Como tantos otros chavales, entré en el mundo del heavy de la mano de Live after death, los "scream for me Long Beach!", 2 minutes to midnight y aquellas canciones me dejaron boquiabierto. No podía creer lo que estaba escuchando. Tantos años después, Iron Maiden siguen haciéndome perder la cabeza, y Bruce sigue siendo importante en mi vida. Su carácter polifacético, ahora escribo, ahora me dedico al esgrima, ahora piloto aviones, es algo que me ha alejado un poco de él, por el tonto pensamiento de que eso le separaba de la música, de tomarse en serio la música. Pero Bruce se ha negado a conformarse con su papel de más éxito, y no ha parado quieto nunca, guste o no. Ahora, él y los demás Maiden tienen montada la mayor fábrica de divisas del metal actual, y planean cada movimiento, gira y disco con inteligencia. Los últimos diez años de la doncella deberían ser estudiados en las escuelas de negocio. Sin perder credibilidad (su verdadero valor de marca), han extendido el negocio sin parar y sin quemarlo, y disfrutan ahora de un éxito cómodo, intergeneracional y universal que jamás habían soñado. Estoy escuchando estos días el primer disco en solitario de Bruce, aquel Tattooed Millionaire del 1989 que engendró la sospecha de que este hombre no terminaba de estar a gusto sometido a la dictadura del torie del metal, Steve Harris. Luego vino su desmotivación general en el escenario y finalmente su marcha de Maiden, con aquella penosa última gira de despedida en el '93, el peor momento sin duda en la carrera de Dickinson. Tattoed millionaire se disfruta ahora con gran facilidad. Es un heavy-hard rock muy gustoso, sin el ritmo trotón de la doncella, más dúctil, melódico y potente, como le gusta a Dickinson. Grandes temas y a la guitarra el futuro Maiden Janick Gers. La reedición en 2 cd´s incluye tomas en directo y el Bring your daughter to the slaughter que Bruce compuso para la quinta parte de Pesadilla en Elm Street, y que luego grabaron Iron Maiden en No prayer for the dying, convirtiéndolo en un hit. Quizás me anime a seguir hablando de los demás discos en solitario de Mr. Dickinson, por ahora os dejo con el menos pretencioso de todos (aunque el último que grabó, Tyranny of souls, sigue esa vena de facturar un buen disco sin complicarse la vida). Aunque tenga de vez en cuando algún momento insoportable, Bruce sigue siendo uno de mis héroes.
A punto de ser padre, voy diseñando mentalmente el mapa de restaurantes que me hará ilusión visitar con la pequeña. El ego de un padre puede ser monumental, y uno se imagina enseñando a su hija las bondades de la barra del Coure, o de un concierto de Iron Maiden. Pura fantasía, mejor empezar siendo prácticos, posibilistas. Un local que caerá sí o sí en algún momento de algún fin de semana es la Cañota, calle Lleida casi con Paral·lel, guasón restaurante de tapas de los hermanos que llevan el Rías de Galicia, clásico entre los clásicos del mejor pescado en Barcelona, y quienes se han asociado hace bien poco con el imperio Adrià para perpetrar el restaurante más chipiguays de la ciudad, el Tíkets. Recomiendo un mediodía de tapas en la Cañota, con buena conversación y el diario bien cerquita. El local es divertido, con ilustraciones tipo cómic decorando las cristaleras, el ambiente distendido, combinando lo típico con la modernez Tíkets más desenfadada. Y las tapas son excelentes. Ya el pan con tomate, que te haces tú mismo, pone de buen humor a cualquiera, y más si encima extiendes una deliciosa anchoa. Las bravas están hervidas, nada de fritanga, y una vez te acostumbras (al segundo bocado) concluyes que son buenísimas, y que en Barcelona hay mucho mito con las bravas de tal o cual local; estas son de notable alto. Las croquetas de bacalao son golosas, repites seguro. Y la mini empanada de sardinillas, una delicia. La cañita está a un euro, y puedes alargar la comida hasta el pulpo o el cochinillo, que es asignatura pendiente para nuestra próxima visita. Muy recomendable.
Si se trata de darte un poco de autobombo y recordarte que has sido la banda de metal más importante de los últimos 30 años, será mejor que lo hagas con estilo y cuidando a quienes verdaderamente te han situado donde estás: los fans. Eso habrán pensado Metallica cara a celebrar su treinta aniversario, a primeros de diciembre del 2011. Cuatro conciertos -que amablemente han colgado en la red para descarga- en el Filmore de San Francisco, fans de todo el mundo entre el público, contacto cercano banda /público, y mucho más que una simple actuación. En cada una de estas maravillosas cuatro noches Metallica han interpretado temas oscuros de su discografía + versiones de todo tipo (tuvieron que ensayar hasta 80 temas distintos), han bromeado e improvisado con el público y sus propios colegas, roadies etc., han homenajeado a Cliff Burton, y han rendido pleitesía (algo que Metallica siempre ha hecho) a sus principales influencias, invitando al escenario a Ozzy, Geezer Buttler, Biff Byford de Saxon, a King Diamond y Mercyful Fate (emocionante para mi ver a King recuperado, al menos en parte, de su enfermedad), al mismísimo Dave Mustaine, a compañeros trashers como Death Angel, a Rob Halford, Glenn Danzing... Sí se trata de marcarte un autobombo celebrando tus tres décadas en el negocio hazlo así, déjate de macro conciertos y estadios de fútbol. Metallica siguen recuperando credibilidad y haciendo las cosas bien: Grandes conciertos, Death Magnetic, Lulu (aunque ahora quizás se arrepientan de haber grabado con Lou Reed), y finalmente esta perfecta forma de cumplir los 30. Hetfield está como un coloso, con una imagen fantástica, y los demás hacen lo que han de hacer, lástima que ya no esté Jason, y sino visionad su interpretación de Whipash en la cuarta noche, lo echaréis de menos.
Aquí un resumen del segundo concierto, con la reunión de Mercyful fate por todo lo alto...
Y el cuarto, del 10 de diciembre. Con Ozzy, Geezer, Death Angel, un Metal militia junto a Mr. Mustaine...
Terrible accidente ayer en Barcelona. Una mujer murió arrollada por un camión cuando iba en bicicleta por una calle del Eixample. No conozco las causas exactas del accidente, pero me aterroriza la mezcla bicicletas y ciudad. Mi experiencia es nula con el Bicing o similares. Tengo una amiga que se hace un tourmalet increíble cada día para ir a trabajar, y se le nota, porque está en forma y da gozo verla, pero yo no puedo. Ni lo entiendo. Cuando veo al típico padre modernillo llevando a su hijo en la parte trasera de la bici en medio de la calle Pau Claris, me dan ganas de bajar de la moto y darle de ostias. Tan poco respeto a la vida, a la suya y a la de su hijo. Esto es una ciudad, una jodida ciudad en la que en bici estás indefenso ¿cómo arriesgas la vida de tu hijo? A diario, cientos de personas cogen el Bicing, muchos diez veces más patatas que yo pedaleando, y los ves circular como florecillas silvestres por las calles más malas de Barcelona, saltándose semáforos, ignorando su propia vulnerabilidad, sin casco y sin precaución. Por supuesto que la culpa de esta inseguridad también la tienen la imprudencia de los conductores, que invaden los carriles bici o giran sin mirar, pero a ellos no les pasará nada si te dan un toque. No estamos en Amsterdam ni en Berlín. Esto es la sucia y caótica Barcelona ¿qué pintan las bicicletas por ahí en medio?
Lejos quedan ya las nocheviejas decadentes en macrofiestas, o innombrables saraos organizados en alguna casa privada a la que te llevan no sabes porque razón. Ni me gustaban antes las farras de fin de año ni me convencen ahora. Tampoco me gusta demasiado el día de mi cumpleaños. De joven me asustaba la obligación de desfasar, el estar hablando de la farra de fin de año desde meses atrás, y las fiestas estúpidas a las que iba y en las que realmente no quería estar. Total que la función terminaba con un ciego malo malo, de esas cogorzas feas y sin sentido. Bueno, ahora la nochevieja es más casera. En los últimos años hemos salido de forma relajada después de las uvas, o directamente nos hemos quedado en casa. No faltan nunca los gin tonics. Pero esta es una noche que se me atraviesa. Los precios exorbitados, los saraos y el desfase masivo (que me aterroriza), aunque lo vea desde la terraza de casa. Salir a cenar es una aventura que puede costarte medio sueldo, quedarte en casa es una media tinta, aunque lo solucionas si arreglas una cena que valga la pena. Y no me puedo quejar, solemos apañar bonitas veladas. Para el año que viene lo tenemos claro: cogemos perros, niña y amigos y nos vamos de casa rural. Con la calma pero bien.
Polanski ha filmado Un dios salvaje sin intención de huir de su original teatral, a excepción de los planos que abren y cierran el film, necesario el del principio, irónico el del final. La película es un regalo para sus actores, envenenado en el caso de Jodie Foster, que se pasa y no me convence, y adecuado para la siempre luminosa, cada vez mejor Kate Winslet, y un Christoph Waltz al que da gusto paladear, aunque le va a ser difícil huir de su condición de "cazajudíos" ganada apulso con Tarantino, y más si él no pone nada de su parte. Rápida, como digo irónica, deviene en comedia más al uso a partir de que sus cuatro personajes empiezan a ingerir scotch de 18 años, a media película. La conclusión es la esperada: los conflictos de nuestros hijos son un reflejo de nuestras contradicciones, miedos y bajezas. Casi que mejor que los niños se eduquen entre ellos.
Este ha sido un año en el que he reducido drásticamente el número de entradas publicadas en mi blog. Publico cuando me apetece y puedo, supongo que como todos, pero asustan esos periodos en los que pasan días y días y no apetece o no puedo publicar nada. Sientes como que los demás, los otros blogs, la actualidad musical, te dejan atrás y te sientes un poco culpable. Pero en mi blog mando yo, aquí hay garantía de que las cosas se hacen a mi manera. Empecé publicando durante un montón de tiempo una entrada diaria, sí o sí, y ahora hago lo que puedo cuando puedo y quiero. Como no nos pagan por esto, podemos permitírnoslo. Pero está bien así, Rock n´roll Outlaw sigue con vida, a veces le fallan las bujías o simplemente se le acaba la gasolina, nada que no pueda solucionar un buen mecánico del ego por unos cuantos pavos. Y gracias de nuevo a todos por leerme, por supuesto.
Han habido años en los que no me ha interesado pensar en listas de mejores discos, esta vez toca que sí. ¿Qué discos me han marcado más en este 2011? Como siempre, soy incapaz de valorar si ha sido un año bueno o malo. Eso es tan voluble, depende principalmente de lo que hayas escuchado con una mínima atención, teniendo en cuenta como estabas tú mentalmente cuando escuchabas cada disco, lo que te han influído otros medios, otras opiniones, los discos de los que has opinado pero que ni siquiera has escuchado... Un coñazo vaya, quizás en 10 o 20 años, mirando atrás, podamos ver si 2011 fue un año bueno musicalmente, comprobando si quedan discos con cualidad atemporal, suficientemente fuertes y geniales como para permanecer décadas después. Mientras, este 2011 habrá sido ligeramente mejor o ligeramente peor que el 2010. Nada ha revolucionado el rock n´roll y todo sigue igual de mal, basicamente.
Por mi parte, los discos que me han convencido más han sido los que me han dado densidad emocional, profundidad y conocimiento. Pordía decir que esta es una lista de un tipo de 35 años. Por eso el Low country blues de Gregg Allman sería una buena opción como número uno. Lo manoseo a menudo, me pierdo en el camino mojado de la portada y me siento conmovido por sus canciones y su blues señorial y un punto oscuro, como una mansión abandonada en los alrededores de Nueva Orleans, con ecos de voces que ya no existen, con madera crujiendo, humedad en las paredes y frio.
Un posible número dos sería el repaso aéreo, nostálgico y terrible, soñador, que PJ Harvey le hace a su querida Inglaterra. Let England shake tiene una sonoridad mágica, su autora está en plenitud, y es tan maestro como el mejor disco de PJ Harvey en el que puedas pensar.
Sigo con el tres. Pienso últimamente que Gillian Welch nos ha regalado una pieza maestra sin hacer ruido, como es propio de ella, casi a escondidas. Supongo que Gillian no es de las que está rodeada de tíos en las fiestas. Con la decisiva aportación a la guitarra solista de David Rawlings, The Harrow & The Harvest para el tiempo con temas como Tennessee, folk a camara lenta, cadencias y matices, brillos y un estilo propio y particular que no admite distracciones al oyente.
¿El cuarto? ¿Qué tal si reivindico que el segundo de Black Country Communion es mejor que el primero, que me deja sin aliento, y que es lo más Purple que puedas escuchar sin que sea Purple? La convicción de Glenn Hughes en lo que está haciendo es una lección para todos. Estamos hablando de un señor que pasa de los 60 y que en temas como Smokestak woman no tiene rival. Los demás le siguen el ritmo, y aportan calidad, pero todos están en función de la determinación del jefe. Que dure.
El quinto, y con el quinto ya termino, se lo concedo ex aequo al Dirty Jeans and Mudslide Hymns del autor clásico que hoy día ofrece mayores garantías. Sólido desde hace ya no sé cuantos discos, John Hiatt ha compuesto uno de los temas del año, Hold on for your love, y un disco excepcional.
Y el otro quinto es un disco de música americana perfecto, el American Goldwing de Blitzen Trapper, una obra que puede despertar vocaciones como hacían discos como el Being there de Wilco o el Tomorrow the Green Grass de los Jayhawks. Memorables pasajes de rock tradicional reposado, como el que va de My home town a Astronaut, una secuencia extraordinaria de canciones que me sacan a golpe de arado de la sucia Barcelona.
Y estos serían mis cinco. Luego hay más (Wilco ¡King Kobra!, espléndido Warren Haynes, Tedeschi & Trucks, Hot Tuna, Lucinda, Buddy Miller & The magestic Silver Strings, Nick Lowe, Joe Henry...), referencias que han marcado este año de igual forma que las cinco que he citado. En el otro lado, pocos discos que me hayan decepcionado, pues amigos, con la edad ya sabes donde eres bienvenido y donde te van a echar a patadas. Para terminar un último premio. Me despido con una de las canciones del año, por lo menos en mi casa. The old magic, el disco de Nick Lowe, merecería estar en el número uno de mi lista, pero así como para hacerlo más variado, le concedo esta vez al maestro de la nostalgia, el good taste y la tristeza canosa y con retranca, el premio al mejor momento musical (extensible a mejor letra). Quién no ha sentido alguna vez que aquella casa donde todo era felicidad y amor ahora está que se cae, y todo es tristeza, goteras y frio. La buena música nos recuerda que todo es pasajero, que las cosas siempre pueden empeorar, y que a pesar de la pena y de todo, eres el director de tu propia película, y puedes cambiar, poner la casa en venta, coger tus cosas y largarte en busca de tus sueños. House for sale...