jueves, octubre 27, 2016

CATALUNYA DIACRÍTICA


Lo que llevo peor de alguna gente es cuando se hacen los ofendidos. Esa cara de indignación después de cualquier comentario inocente. La falta de sentido del humor. Esa forma tan vegana de tomarse en serio a uno mismo.

Ahora mismo, la cara de Catalunya es la de quién se ofende con tan solo darle los buenos días. Todo, absolutamente todo, es material para que nos sintamos profundamente ofendidos. Ya somos un pueblo con cierta atracción por lo rancio, pero últimamente se nos está poniendo cara de ama de llaves de Rebeca, gesto de leche agria, por cualquier cosa. Una estatua del caudillo en el Born, que ahora resulta que es más sagrado que el puto pueblo de los elfos, cualquier declaración de chichinabo de políticos irrelevantes tipo Ibarra, un improbable regreso de los toros, o cosas como la lengua y sus acentos.

La ínfima reforma ortográfica sobre los accents diacrítics (com gosen!) ha sacado de nuevo al balcón a las maríes de esta país, indignadas por una ofensa que pone en peligro nuestra lengua y nuestra integridad. Por lo que a mi respecta, cualquier reforma que racionalice una lengua caprichosa como el catalán me parecerá siempre bienvenida. Pensaba que queríamos que hablaran nuestro idioma cuantas más personas mejor, pensaba que las lenguas están para abrirse a la gente, no para cerrarse en polvorientas normativas.

Hubo un día en que alguien le echó bicarbonato y Fortasec a la independencia, hubo un día en que preferimos avanzar poniendo cara de señora indignada en la cola del súper, hubo un día en que se perdió el optimismo, y con ello el discurso, y con ello la paciencia y la distancia. Ahora nos toca vivir la Catalunya del señora yo iba antes que usted. Y así estamos, en la cola.

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