viernes, abril 28, 2017

EL TOCINO QUE DUERME DENTRO DE MI

Engullo sin freno. Llego tarde a casa, cansado y cargado de razones, y la compulsión derriba todo los diques. La carne, el embutido, lo que encuentre, tragando devorando sin ningún rastro de civilización.

No puedo contenerme. Contenerme nunca ha sido fácil para mi. Cada día es una promesa al levantarme, y una derrota al irme a dormir. Pierdo las normas y la línea moral cuando me alimento. Siempre he comido mal, como un guarro, rápida e irresponsablemente, protegido por una genética que no tendía al engorde porcino. Pero de eso hace ya mucho. Dios, no me gusto, tengo el peor tipo de gordura, que es la de quién no es gordo y nunca lo ha sido. En mi caso, los daños están ahí, son más evidentes, puedes ver como crece la bestia día a día; la barriga es una derrota que llevao en procesión las 24 horas. Un gordo majo, de raza, puede incluso construirse un físico aceptable a partir de su exceso de kilos. Yo no, lo mío es penitencia y salta a la vista, lo mío es el fracaso. Brazos de alambre, piernas de bailarina... y algo que falla y que nunca hubieses imaginado. La barriga. Te duele y te castiga, la ves y la ven. Barriga. Escribirlo no soluciona nada, pero ayuda, como siempre.

El nacimiento de mi hija lo cambió todo. Y no os digo nada lo que pueden cambiar las cosas con el de mi segundo hijo en pocas semanas. Los padres sabemos lo que hay que hacer, y la previa es que hay que estar en forma, o presentable, porque los retos son muchos, y tu hijos se merecen tu mejor y menos enferma versión. Pero luego estás solo delante del plato de comida y nunca hay suficiente. Tengo el gen de la adicción, lo sé, está hablado, analizado, y tengo suerte de no haber tenido amigos yonquis o alcohólicos, sino mi vida se habría ido por la borda hace ya mucho tiempo. Vivo en la tensión de tenerme que controlar a cada segundo, porque la comida es como una masturbación a toda pastilla, a escondidas, placentera y culpable. Soy sabio en el arte del engaño, y practico pequeños juegos de compensación, tretas y falsos mimos conmigo mismo, para poder tener una ventana de un minuto, libre de pecado, y llenarme la barriga como un cerdo.

Sé que hay un lugar por ahí, donde puedes disfrutar de la comida y la bebida, que son mejores que el sexo y que casi todo lo demás, sin sentirte una morsa maloliente y enferma. Un lugar de control y paz; a ratos he estado ahí: deporte, control en las cenas, beber lo mínimo, más deporte. Ahora se me hace una montaña reengancharme a esa plenitud. Estoy demasiado ocupado, pienso, no tengo un minuto libre, digo, abre la puta nevera. Y los fines de semana, que también los trabajo, son la mayor trampa. Ni te imaginas el daño que le puedo hacer a mi cuerpo en unos pocos minutos de fin de semana.

Supongo que sentirte rata, gorda y vírica, puede ser el principio para evolucionar en positivo. A los 40 todo te viene deprisa. No te das cuenta y en la mesita de noche tienes más pastillas de las que solías ver en la de tus padres, esquivas médicos para que no te digan lo que no quieres oír. Y a cada muestra de tu decadencia, respondes a golpe de morcilla, vino y estofado.

Los hay que siempre vivimos en obras, con andamios y planos en proyecto; no estamos finalizados, no nos hemos coronado, todavía libramos batallas con los pilares del edificio, todavía queremos pasar al lado bueno y no volver a pisar jamás el país de las taras, las adicciones, la grasa y el salchichón a las dos de la mañana. Tengo poco tiempo y muchas batallas que librar, no deseo que mi hijo me conozca culpable, revolcado en la grasa y la miseria. Tengo poco tiempo, y no prometo milagros. No quiero frases positivas, ni quotes optimistas. Este es el tocino que duerme dentro de mi. Nunca, nunca permitiré que mi hijo lo conozca.

3 comentarios:

Orlando dijo...

A ver cuanto tardan en insultarte , que se meten contigo de por si, por lo que sea que escribas .

Cristina Granadero dijo...

Ains Marc, es la reflexió del 90% de la població occidental, entre la qual m'incloc. Cert el que dius, potser ens manca control, però des de la meva cordura et diré que ens manca acceptació. Encara que no mengessis tant com dius (dubto que sigui moltissim, però si com nosaltres, el que et rota i del que et ve de gust... i després et sents fatal) la panxeta hi seria a no ser que estiguessis en dieta perpetua i 4 hores diaries al gym. Jo molts dies em sento gorda, fofa, lletja... però es perquè em comparo sense voler amb els tipus perfectes de ties que es dediquen només al seu fisic...

Avui llegia un article molt interessant que he penjat al meu perfil de Facebook. Deia entre d'altres coses, que el no agradar-te, el voler seguir i complir els canons de bellesa es el nou burka occidental... quanta raó. Anims i a veure quan compartim apat i vinet per celebrar l'arribada del teu petit.

ujule rachid dijo...

dale, te tengo en los blogs que leo, la segunda vez que te lo aviso... saludos...