domingo, noviembre 11, 2007

NEW YORK DOLLS, SEÑORES ¡NEW YORK DOLLS!

Fue un acontecimiento, tal y como se preveía. Jamás había estado tan absolutamente ensardinado como en el concierto del viernes. La sala Sidecar de Barcelona (tan amplia como el salón de mi casa, para entendernos) y en el minúsculo escenario, los New York Dolls. El mundo sobrevive por paradojas como esta: 200 personas, ni un alfiler de más cabía, viendo a los Dolls.
Pero me porté como un jabato, eh. Allí aguanté, gritando, cantando Looking for a kiss, Pills, Personality crisis, tocando (con educación, claro) a David Johansen, recibiendo una púa de Sylvain, en fin, esforzándome y trabajándome el concierto... a mi edad.
Era una marabunta de gente en esa catacumba, todos conscientes de ese milagro de ver a un grupo mítico en unas condiciones inmejorables. Aunque se sudara, mis gafas se entelaran varias veces, mi voz se rompiera, y recibiera empujones por todos los lados, esa es una manera perfecta de ver un concierto. Sala ínfima, el grupo que no puede ni moverse por el escenario, la música a flor de piel.
David Johansen sonreía, Sylain se lo pasó en grande, aunque a veces pareciera que la marabunta íbamos a terminar por invadir el escenario. Maravilloso. Feliz de estar vivo y esas cosas.

PD: Fué una fantástica noche de concierto (tot i que em vaig fixar, no et vaig veure, Elena), por los Dolls y por la gente que me acompañó, capitaneados por un elegante y delgado fan de Dogs d´Amour, gente que valora las buenas cosas de la vida: la cerveza y la música.

3 comentarios:

kavers dijo...

Joder, allí hi era jo també (a prop de la barra del final). Sonaven tan bé que els primers minuts pensava que era playback.

Vaig disfrutar moltíssim, i sembla que era general. Se'm va fer curt...

Marc Monje dijo...

A mi igual. Curtet, però molt intens. I no sé, hi havia bon rotllo, veies que la gent era feliç de trobar-se allà, en aquell moment concret.

fernando dijo...

A pesar de considerarme un neófito musical (siempre me decanté por artes más mundanas), este grupo me cautivó hace ya algunos años por los sonidos explosivos de la siempre desgarradora voz de un Johansen tan vital como sexagenario (57 años). La organización lamentable,
pero "el todo vale" estaba esta vez más que justificado por la vivencia única que nos brindaron estos maestros del punk-rock.
Gracias muñecas.